A jugar

Que bonito cuando conoces a alguien. Si si, de esto de “hola, encantado”. Veis que bonito, veis cuanta chispa. Porque os fijáis en como va vestido, en cuanto de limpios lleva los zapatos, y en cómo huele esa colonia. Afeitado de tres días.
El también se ha fijado en el color de tus ojos, y cuanto de comidas tienes las uñas.
No estáis solos, sois como unos veinte en la mesa, pero notas como no os hacia falta a nadie más. Él te comía con la mirada, porque en este caso las miradas no matan, sino que te hacen más fuerte.

A todos nos ha pasado alguna vez.

Empezáis a hablar, a distancia, típico de qué estudias, qué haces, dónde vives o si te gusta la cerveza. Y cuando queréis acordar, estais silla con silla y te ha contado los hermanos que tiene, como se llama su perro y desde cuando tiene la cicatriz esa tan rara del brazo.

Pero ojo, que tu ya le has dicho lo buenos que le salen los bizcochos a tu abuela, y lo angelito que aparentabas ser de pequeña.
Entre tanto, habéis abierto la veda. Vais por la quinta caña.
Se ha dado cuenta de que cuando bebes se te ponen rojas las mejillas, y tu no paras de mirar en lo achinados que se le empiezan a poner los ojos.
Ha llegado el momento.
El momento de parar, pagar y cada uno a su casa, o sino, lo que empezaron siendo unas simples rubias va a terminar siendo una declaración de intenciones nunca antes declaradas.

Os habéis dado cuenta de que hay algo, pero vaya tontería, piensas, seguro que tiene novia, que es el tipico picaflor. Pero no lo sabes, no pienses mas de la cuenta y déjate llevar. Todos saben que eres demasiado orgullosa, como vas a pedirle su número de teléfono, pero tranquila, mira el tuyo porque ya tienes una conversación abierta. Ya se ha encargado él de pedir tu número, y hablarte sin que te hayas ido para ver tu reacción.

No te hagas la dura, te ha visto que has mirado el movil, te has puesto nerviosa y lo has vuelto a guardar, no disimules más que la estás cagando. Ya sabes, la próxima vez andate más espabilada o va a poder contar las caras de poker que te ha visto poner.

Preparate que te va a decir de quedar, no seas tonta, y da tu el paso, total… Hemos venido a jugar. Lo que una cerveza  a unido que no lo separe el hombre.

Bier for everyone!

Bi blio te ca

Si, ese lugar tan insólito, tan lúgubre, taciturno. El que tan “buenos” recuerdos te trae. El que ha visto más nervios que un quirofano. El que más idas y venidas por sus pasillos ha visto, como si de una pasarela se tratara.
El que más veces ha oído una alarma a deshora y “su antivirus ha sido actualizado”.
Donde se consume más tinta que en la tienda de un tatuador, y más miraditas se echan. Si miraditas de “hola”, de las de codazo a tu amig@ y de “mira como está ese/a”.
Es el lugar que te acoge en época de exámenes, el que os reúne, el que os da más descansos que un partido de baloncesto.
Es el lugar en el que más aprovechas y a la vez pierdes el tiempo.
Porque tu llegas a la biblioteca, medio temprano, coges sitio, y cigarro. Vuelves, te sientas echas el bicheo al móvil, abres los apuntes y te pones. -Uy que me ha escrito menganito que viene ya, y que sutanito llega más tarde, que le pillemos sitio- y no ha pasado una hora cuando decides que el agua ya se te ha calentado y que te cunde poco, que estas hasta arriba, y sales. Descansito de 15 minutillos y pa’ dentro. Miras el reloj y hostia las 1. Si eres el primero en darte cuenta enrreas, sino eres enrreado.
Y eso es asi. Cervecilla, comes en casa, y quedas a las 4:30. Si eres de los puntuales llegas a las 5. Sino ya para la hora de la merienda, y se repite el plan de por la mañana. Todo el mundo sabe, que a partir de las 20:30 ya no se estudia. Porque si no hay fútbol, has quedado para cenar y sino la cerveza de por la noche, que ojo cuando llegas al bar rezas porque no sean más de tres o el día siguiente ya no es de biblioteca, es de resaca.

Os escribe una de las que está perdiendo el tiempo en la biblioteca.
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Folla-migos?

Creo que ha llegado el día de dejar de hablar de las relaciones típicas, de las de peli.
Si, esas de las de chico conoce a chica en una fiesta en casa de unos amigos, con vasos rojos en la mano, comienzan a hablar y él la acaba acompañando a casa. Le da un beso en la mejilla, se da la vuelta y se va.
Ya está bien, ¿no?
Lo primero es que aquí las fiestas con vasos rojos no existen, y que no empiezas a hablar con una tía porque sí.
Aquí si tú te acercas y le pides fuego, es porque ya has consensuado con tus colegas el grado de follabilidad de la muchacha. Vamos, pero que nosotras hacemos lo mismo. Vicheo, vicheo al grupo de amigos, vicheo, comentarios y puesta en común del chaval, y su sequito; coges a tu amiga soltera/la que no se ha fijado en el que te gusta, y vas a por un piti.
Y eso es ASÍ.
El piti ya es lo de menos porque para un piti te quedas hablando con el Dj, que seguro que es más espabilao.  Después del piti que venga la copa. Hombre por favor, que no vamos a ir de serenos ahora, porque no lo somos.

Bueno a lo que iba, que “pa’ poco no nos pringamos”. Y la copa lleva al número de móvil, y que si tal y que si cual y acabáis quedando. Hasta aquí todo bien, nada amiguitos nuevos, y luego ya llega el momento en el que se te empieza a ir de las manos.
Que si hoy dormis en tu casa, que si mañana en la suya, pasado barbacoa y acampada en el chalet de fulanito y la semana que viene estáis quedando para ir a la biblioteca.
Pero ojo que quede claro que nada serio, que aquí sólo somos follamigos. No bonitos no, aquí está pasando algo más que no queréis asimilar. Aquí no es un polvo cuando me apetece.
Aquí es un te llamo, quedamos y vemos que hacemos. Que acabamos en la cama pues mira oye, eso que nos llevamos.

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Hasta aquí, todo perfecto. La mierda viene cuando tu has acordado que erais amigos y el/ella tontea con otros/as por WhatsApp. Ya no es todo tan bonito como el primer día, porque a ti ya te da coraje. Si eso, CO RA JE.
No son las veces que lo llamo y no va; son las que el te llama, y tu vas. No es por medir tu desinterés, es por medir hasta que grado de imbecilismo llegamos a veces.
Que las relaciones son un completo de si te necesita vas, y si no te necesita vas por gusto igualmente. Y al final pasa lo que tenía que pasar. Que ni follas ni es tu amigo.
Si tu madre te viera ese día en la discoteca, pidiendo ese maldito piti, te soltaría la típica de “al final te caerás, y cómo te caigas cobras”.

Sin querer queriendo

No os ha pasado nunca que llega el Lunes y os sentís culpables?

Esa sensación de que es un día de mierda, te acuerdas del fin de semana, se te marca una media sonrisilla en la cara, y la otra media no lo es tanto.

Justo eso me está pasando a mi hoy.

Ha sido el típico finde al que no le puedes pedir ni media más: la borrachera del viernes alcanzó el tipico nivel de rozar lo ebrio, pero que no llega, y sobrevives. De la del sábado ya no puedo decir lo mismo, porque se parecía más a la de Barney cualquier día en el Bar de Moe. Ya me gustaría que fuera por el mismo motivo que el se las cogé. Yo el sábado, empecé enrreando y luego decidí olvidar, y joder que si olvidé. La laguna que tengo, bien estaría para echar cualquier monstruo y que ni me diera cuenta.

Y claro pues el océano ese del que hablo, hoy me pasa factura. Que no es otra cosa que sentimiento de culpa, no porque hiciera nada fuera de lo normal, que según el informe detallado que me pasaron ayer al levantarme mis amigos, no la lié mucho (delante de ellos), es más por la mierda de sentimientos que salen cuando llegas a la tercera copa, y que te joden la noche.

Que a la tercera copa, empiezas escuchando noseque canción que ya te recuerda a él, y pues claro, siempre podría haberse quedado en una nota de voz, pero no, a mi me tocó, llamar, y llorar.

Y él que, no es por nada, pero es más bueno que el pan, pues se pasó a verme, y claro: LA LIÉ. Y así estoy hoy, hecha un lio. Que no se asemeja ni al que me encontré el domingo con las sábanas de SU cama, con SUS piernas y las mias.

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La verdad que el “Buenos días” fue el más tranquilizante que me habían dicho en mucho tiempo, y el abrazo más gratificante que os podáis imaginar.

Luego está la parte en la que no hice lo que debía, en la que abandoné a alguien que lo dá todo, y he tenido que explicarle que el plantón no fue justo, pero sí necesario. Que yo en verdad debía pasar la noche con él, pero que la pasé con quien quería. Ante todo fue comprensible, pero su orgullo, ojito que cómo el de todos, pues le puede. Y claro aquí estoy intentando arreglar el desastre que he montado.

Aquí estoy arrepintiendome de la tercera copa.

Tu sigues, y el mundo gira.

El otro día en el autobús, si ese sitio tan pintoresco donde lo mismo te encuentras a la pareja de abuelitos felices, o un chaval con gafas de culo de vaso, que el máximo amor que ha sentido ha sido por su Xbox, me encontré a dos muchachas que rozaban los quince hablando de lo mucho que habían cambiado. Son las típicas conversaciones que no te interesan, pero que te dan que pensar.

Y yo pues claro, pensé. ¿Qué sabrán ellas del cambio de las cosas?

Ahora yo si pensé en todo lo que había cambiado, pero ese todo, era un todo muy pequeño.

Sigo siendo la misma. Sí, esa que se pone cinco despertadores para poder llegar con el tiempo justo a clase. La que no lleva nada de orden, nunca. No intentes buscar algo en mi bolso porque probablemente no lo encuentres. La que hace la maleta a última hora, a mogollón y llena de “por si”. Me encantan los por si. Son los propósitos que aunque no creas, tu subconsciente quiere llegar allí. Quiere conseguirlo.
Me sigo lavando el pelo cada vez que me ducho, porque soy de las que piensa que o te acicalas entera o vas a medias.

Sigo llevando mi móvil en el bolsillo trasero del pantalón, si no lo llevo en la mano claro está. No soy capaz de conducir sin música, y me pinto las uñas por no comermelas, pero me como el esmalte. Me gusta la ginebra/whisky con seven up, y la tortilla de patatas poco hecha.

Sigo saliendo cada vez que puedo, mejor dicho, que quiero. Que no me voy a quedar un San Valentín llorando porque no me van a regalar cuatro tonterias, un ramo de flores, y una tarjetita en la que pone un “para siempre”. Pienso que los para siempre no existen. Por ahora las tarde de manta y peli, las voy a seguir pasando sola, o con amigas, que siempre son pocas.

Sigo siendo la cabezota de siempre. La que no va a parar hasta conseguir aquello que se propuso. Un día me propuse ganar la lotería; que no cunda el pánico, todavía tengo tiempo. No soporto el compromiso, pero no el sentimental, sino el de hacer las cosas por obligación. Si no quieres hacer algo, pues lo dices y punto. Y quien no lo quiera así, pues que se joda.

Sigo siendo la cobarde que no dice las cosas por no herir a los demás, pero que cuando el vaso se llena, acaban haciendo daño.

Luego observé lo igual que seguía siendo, y en todo lo que había cambiado a mi alrededor. Que yo soy la misma pero que el mundo gira.

Habían pasado miles de personas por mi lado, algunas para quedarse; y algunas que estaban, se habían ido.

Mi pregunta es si se fueron porque quisieron o porque yo las eché, y la verdad es que el motivo me da igual, sólo se que ya no están.

Sigue existiendo esa tía 10 en la que piensas cada vez que escuchas esa canción o ves esa peli. La que te llamaba sólo con ver que algo raro te pasaba. La que llegaba media hora tarde, o que ni siquiera se presentaba. La que te presentaba a sus amigas, e incluso te hacía de celestina.

Sigue estando la que se preocupa porque tengas cómo ir a los sitios o porque desde pequeña me enseñaron a no ser egoísta, aunque en ocasiones sea ser “gilipollas”.

Sigue habiendo una valiente dentro de ella, la que hizo que un día se liara la manta a la cabeza y te dijera todo lo que pensaba de ti. No esperaba ni una simple respuesta, sólo quería empezar a dormir tranquila, ya fuera contigo o sin ti. Yo no se si tú no respondiste “si” a aquella proposición tan indecente, si por vergüenza o por miedo, lo cierto es que no has dejado ni un momento de arrepentirte por ello.

Sigue vigente la teoría de que la tierra es redonda, y permiteme decir, que por muchos caminos opuestos que toméis, acabareis coincidiendo. Por mucho que os parezca el final, siempre habrá un comienzo.
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Necesítense

Las cosas buenas no tienen por qué hacernos felices, que no lo hacen. A veces tan sólo nos hacen olvidar que no lo somos.
Esta fue una de esas cosas. Bueno, más que cosas, fue uno de esos polvos. De los ‘sin querer’ que ambos quieren y que la única forma de evitarlos es dejando de hacer el gilipollas y desapareciendo. No se mete en tu habitación ni se tumba a tu lado en la cama…
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Y claro; pasa. No como ninguno de los dos esperábamos, porque lo esperábamos, yo sé que lo hacíamos; pero pasa y me toca a mi ver el desastre que montamos dos auténticos gilipollas en unos minutos.
Hay que joderse.
Joderse y escribir, porque al fin y al cabo en esta habitación que huele a sexo, desodorante, perfume y tabaco se han juntado un par de historias que nada tenían que ver. Aparentemente. Porque, los desgraciados, trajimos más que sólo ganas:
“Él era de los que hablaban de amor pero sólo sabía follar, y ella follaba para desaprender a amar.”
Y así, amigos; así nos entendíamos. Aún sin saberlo. Y como no lo sabíamos tampoco pudimos satisfacernos, ¿Sabéis? Y no hay nada más triste que eso, el no saber lo que el otro quiere. Si aprendiéamos a hablar, lo haríamos bien y claro, ¿para qué?
Vaya lío, ¿Eh? Lo que quiero decir es que realmente no estuvo bien lo que hicimos. No estuvo bien en sí, la mierda emocional, moral y todo eso me la suda. No estuvo bien porque yo me moría de ganas por limpiarle esa gota de sudor que le caía por la frente mientras me miraba, y no lo hice. Él tampoco estuvo aplicado, ¡Nada aplicado! Aún estoy intentando imaginar qué pasaba por su cabeza para que no me follase de todas la formas posibles, ni por qué estúpida razón no me dejó una marca de dientes en esa nalga blanca… Yo lo hubiese hecho.
Creo que muchas veces las personas pensamos demasiado y hablamos poco. O no lo suficiente. Y como nosotros dos a parte de ser unos miserables también somos personas pues ahí está la respuesta: “La una tuvo miedo; miedo de que él pensase ‘algo’ de ella (las mujeres somos así, dejarnos).” ¿Y él? Él creo que simplemente tuvo prisa y no pensó lo suficiente en qué estaba pasando (así son los hombres, es meterla y les da igual que de fondo estén los UMF en directo o la trilogía de Batman.
Porque, al fin y al cabo, ¿Qué demonios saca un hombre de pensar?, sólo problemas.
No sé, quizá soy demasiado joven como para juzgarnos. Después de todo no hemos hecho nada más que follar. Da igual la manera. Pero sí hay algo que me gustaría decir: Necesítense. Ni amen, ni odien, ni recen. Sólo necesítense como perros y satisfagan ese impulso; follen aunque esté mal y, lo más importante: aprendan a no pensar mientras lo hacen.>>

Ahora es cuando vuelvo a la realidad y me maldigo por no haberme quedado esta noche contigo y haberlo dicho todo lo que pensaba, qué digo, que pienso; para morderte la espalda mientras te duermes… Porque lo necesito. Necesito ser esa que te intenta taponar las heridas que ni tú mismo te ves. ¿Y sabes por qué? Porque un viejo verde me enseñó que las llagas de nuestro corazón sólo las podemos sanar si logramos enmendar el dolor ajeno, aunque sólo sea por unas horas.
Así que ya que estamos porqué no olvidar que no somos tan felices cómo pensamos,
ni vivimos tan tristes de lo que queremos aparentar.
¿Por qué no hablamos más?
¿Por qué no escuchamos más?

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NO LO PIENSES NI UN SEGUNDO

Y ahora corre, gilipollas. Sal de casa, no te cojas las llaves, para qué. Coge la cartera, que la cosa no está barata para ir mendigando. Plántate en la estación y coge el primer tren que encuentres. ‘Qué le digo’, ‘Qué hago’, ‘No tendría que haber hecho esto’, ‘Tendría que haber dicho que SÍ’. Quítate esas mierdas de la cabeza, los viajes en tren están hechos para poner los pies en el asiento de enfrente y que el revisor te eche la bronca. Para ir escuchando vuestra canción favorita. Para quedarte dormido en el hombro de la viejecita  de al lado. Espera a que se abran las puertas y vuelve, vuelve a correr, maldito gilipollas. Sortea a la gente, ábrete paso, empújala si hace falta, que se jodan, ellos no tienen tus ganas, ellos están muertos por dentro. Qué sabrá toda esta gente del amor. Llama a su timbre, pues claro que no puedes esperar. La puerta está abierta, sube las escaleras de tres en tres, tropiézate si hace falta. Haz ruido, mucho ruido, tienes una puta filarmónica en el pecho y no te da la gana de callarla. Allí está. Mirándote. Atónita. Qué guapa está. Cógele la cara con las manos y cómele la boca. Cómesela como si llevases meses sin desayunar. Con ella.

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Eso es lo que ella piensa que harías, lo que estaría bien hacer.

Pero lo que haces de verdad es muy diferente. Te quedas mirando esa pantalla del movil, esa conversación en la que lo único que haces bien es escribir las tildes para quedar de serio. No arriesgas. Y quien no arriesga no gana. Y tu la acabas de perder. Acabas de perder aquella chica a la que conociste por casualidad y la que te dió ganas. De qué, de lo que sea pero te hizo avanzar.

Puntos; y este es el primero

Puntos.
La vida se compone de ellos. Ella no creía en finalizar ni discusiones, ni charlas, ni canciones; decía que los puntos finales facilitan la vida a la gente. Son los que te dejan en ese lugar: tu has puesto el final y no te dejan avanzar. Son esas largas conversaciones que caen en bucle, en buenosdias buenasnoches, en qué haces o qué pasa. No te dejan actuar, o bueno mejor, tú no actúas. No lo haces por el qué pensará o si se asustará, pero la única que esta muerta de miedo aquí eres tú.

Esa discusión no seguirá, lo que implica que no habrá reconciliación. 
Esa charla acabará y no llegareis a concretar los planes o las conclusiones de todo. Ni siquiera se volverán a repetir. 

Sabes que has dado el paso, y que todo acabó. 

La canción, esa canción que das por acabada, y que siempre te recordará a alguien y no lo vas a poder cambiar. Cuando vayas en el coche y el locutor de radio se la dedique a la muchacha de la llamada anterior sabrás que no eres tú, y el estómago se te encogerá.

Los puntos aparte y los suspensivos incrementan la inteligencia, tu inteligencia. Ya te las ingeniaras para sacarle un hola de nuevo, pero no al que estás pensando, queva. A aquel chico que conociste aquel día, que se intereso por tí mientras intentabas buscarle las cuatro esquinas al punto y seguido del que te hablaba.

No ultilices signos de pausa.
No pares.
Manten el ritmo.
No pienses.
Vive rápido.
Hagas lo que hagas te vas a encontrar discusiones, charlas y canciones que siempre vas a recordar como: aquello que paso aquel dia…

(haciéndote mas inteligente)

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